La Fe... Nuestra fuerza para vivir...

El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz. (Madre Teresa de Calcuta)
La fe se refiere a cosas que no se ven, y la esperanza, a cosas que no están al alcance de la mano. (Santo Tomás de Aquino)
No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias. (Gandhi)

sábado, 9 de noviembre de 2013

FIESTA DE LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN

VI LA CIUDAD SANTA, LA NUEVA JERUSALÉN,
QUE BAJABA DEL CIELO, DE DONDE ESTABA AL LADO DE DIOS,
ENGALANADA COMO UNA NOVIA QUE SE ADORNA PARA SU ESPOSO.

ALELUYA, ALELUYA.
He elegido y santificado este lugar, dice el Señor, para que siempre habite ahí mi nombre.
Aleluya.

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (2, 13-22)

                Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.

                En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.

                Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?” Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”

                Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.

Palabra del Señor.

ORACIÓN

                Señor, tú que edificas con piedras vivas y escogidas el templo eterno de tu gloria, derrama sobre tu Iglesia los dones del Espíritu Santo, para que tu pueblo fiel llegue un día a transformarse en la Jerusalén celestial. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.


UN RÍO ALEGRA A LA CIUDAD DE DIOS



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