La Fe... Nuestra fuerza para vivir...

El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz. (Madre Teresa de Calcuta)
La fe se refiere a cosas que no se ven, y la esperanza, a cosas que no están al alcance de la mano. (Santo Tomás de Aquino)
No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias. (Gandhi)

domingo, 31 de marzo de 2013

SECUENCIA (DEL DÍA DE PASCUA)


OFREZCAN LOS CRISTIANOS
OFRENDAS DE ALABANZA
A GLORIA DE LA VÍCTIMA
PROPICIA DE LA PASCUA.

CORDERO SIN PECADO,
QUE A LAS OVEJAS SALVA,
A DIOS Y A LOS CULPABLES
UNIÓ CON NUEVA ALIANZA.

LUCHARON VIDA Y MUERTE
EN SINGULAR BATALLA,
Y, MUERTO EL QUE ES LA VIDA,
TRIUNFANTE SE LEVANTA.

“¿QUÉ HAS VISTO DE CAMINO,
MARÍA, EN LA MAÑANA?”
“A MI SEÑOR GLORIOSO,
LA TUMBA ABANDONADA,
LOS ÁNGELES TESTIGOS,
SUDARIOS Y MORTAJA.
¡RESUCITÓ DE VERAS
MI AMOR Y MI ESPERANZA!

VENID A GALILEA,
ALLÍ EL SEÑOR AGUARDA;
ALLÍ VERÉIS LOS SUYOS
LA GLORIA DE LA PASCUA”.

PRIMICIA DE LOS MUERTOS,
SABEMOS POR TU GRACIA
QUE ESTÁS RESUCITADO;
LA MUERTE EN TI NO MANDA.

REY VENCEDOR, APIÁDATE
DE LA MISERIA HUMANA
Y DA A TUS FIELES PARTE
EN TU VICTORIA SANTA.



DOMINGO DE LA RESURRECIÓN DEL SEÑOR


HE RESUCITADO Y VIVIRÉ SIEMPRE CONTIGO;
HAS PUESTO TU MANO SOBRE MÍ,
TU SABIDURÍA HA SIDO MARAVILLOSA. ALELUYA.

ALELUYA, ALELUYA.
Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua.
Aleluya.

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (20, 1-9)

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

ORACIÓN

Dios nuestro, que por medio de tu Hijo venciste a la muerte y nos has abierto las   puertas de la vida eterna, concede a quienes celebra
mos hoy la Pascua de Resurrección, resucitar también a una nueva vida, renovados por la gracia del Espíritu Santo. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

HE RESUCITADO Y VIVIRÉ SIEMPRE CONTIGO




sábado, 30 de marzo de 2013

VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA


HERMANOS:
CON EL PREGÓN SOLEMNE DE LA PASCUA, HEMOS ENTRADO YA EN LA NOCHE SANTA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR. ESCUCHEMOS CON RECOGIMIENTO LA PALABRA DE DIOS. MEDITEMOS CÓMO, EN LA ANTIGUA ALIANZA, DIOS SALVÓ A SU PUEBLO Y EN LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS, ENVIÓ AL MUNDO A SU HIJO PARA QUE NOS REDIMIERA.

OREMOS PARA QUE DIOS, NUESTRO PADRE, CONDUZCA A SU PLENITUD ESTA OBRA DE SALVACIÓN, INICIADA CON LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS (6, 3-11)

Hermanos:

Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos en su resurrección. Sabemos que nuestro viejo yo fue crucificado con Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido, a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto queda libre del pecado.

Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

SALMO 117

ALELUYA, ALELUYA.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.

ALELUYA, ALELUYA.

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor
es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo,
para contar lo que el Señor ha hecho.

ALELUYA, ALELUYA.

La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.

ALELUYA, ALELUYA.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (24, 1-12)

El primer día después del sábado, muy de mañana, llegaron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado. Encontraron que la piedra ya había sido retirada del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Estando ellas todas desconcertadas por esto, se les presentaron dos varones con vestidos resplandecientes. Como ellas se llenaron de miedo e inclinaron el rostro a tierra, los varones les dijeron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado. Recuerden que cuando estaba todavía en Galilea les dijo: ‘Es  necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado y al tercer día resucite’ ”. Y ellas recordaron sus palabras.

Cuando regresaron del sepulcro, las mujeres anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana, María (la madre de Santiago) y las demás que estaban con ellas. Pero todas estas palabras les parecían desvaríos y no les creían.

Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se asomó, pero sólo vio los lienzos y se regresó a su casa, asombrado por lo sucedido.

Palabra del Señor.

ORACIÓN

Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche santa con la gloria del Señor resucitado, aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

INFÚNDENOS, SEÑOR, TU ESPÍRITU DE CARIDAD

PREGÓN PASCUAL Y LETANÍAS DE LOS SANTOS

PREGÓN PASCUAL (FORMA LARGA)

Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra, inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

[Por eso queridos hermanos, que asistís a la admirable claridad de esta luz santa,
invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para que aquel que, sin mérito mío,
me agregó al número de sus diáconos, infundiendo el resplandor de su luz,
me ayude a cantar las alabanzas de este cirio.]

[V. El Señor esté con vosotros (ustedes).
R. Y con tu espíritu]

V. Levantemos el Corazón
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán
y, derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Ésta es la noche en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

 Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado.

Ésta es la noche en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo. 
¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! 
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos.

Ésta es la noche de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mí gozo.»
Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados,
lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes, expulsa el odio,
trae la concordia, doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia, acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece
por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, 
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda 
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Que noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!

Te rogarnos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.

R. Amén.


LETANÍAS DE LOS SANTOS

Señor, ten piedad de nosotros                                                    Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad de nosotros                                                    Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad de nosotros                                                    Señor, ten piedad
Santa María, Madre de Dios                                                    ruega por nosotros
San Miguel                                                                               ruega por nosotros
Santos ángeles de Dios                                                             rueguen por nosotros
San Juan Bautista                                                                     ruega por nosotros
San José                                                                                  ruega por nosotros
Santos Pedro y Pablo                                                              rueguen por nosotros
San Andrés                                                                             ruega por nosotros
San Juan                                                                                 ruega por nosotros
Santa María Magdalena                                                           ruega por nosotros
San Esteban                                                                            ruega por nosotros
San Ignacio de Antioquia                                                         ruega por nosotros
San Lorenzo                                                                            ruega por nosotros
Santas Perpetua y Felícitas                                                       rueguen por nosotros
Santa Inés                                                                                ruega por nosotros
San Gregorio                                                                           ruega por nosotros
San Agustín                                                                             ruega por nosotros
San Atanasio                                                                           ruega por nosotros
San Basilio                                                                              ruega por nosotros
San Martín                                                                              ruega por nosotros
San Benito                                                                              ruega por nosotros
Santos Francisco y Domingo                                                   rueguen por nosotros
San Francisco Javier                                                               ruega por nosotros
San Juan María Vianney                                                         ruega por nosotros
Santa Catalina de Siena                                                          ruega por nosotros
Santa Teresa de Jesús                                                            ruega por nosotros
Santos y Santas de Dios                                                         rueguen por nosotros
Muéstrate propicio                                                                 líbranos, Señor
De todo mal                                                                           líbranos, Señor
De todo pecado                                                                     líbranos, Señor
De la muerte eterna                                                                líbranos, Señor
Por tu encarnación                                                                 líbranos, Señor
Por tu muerte y resurrección                                                  líbranos, Señor
Por el don del Espíritu Santo                                                  líbranos, Señor

Nosotros, que somos pecadores            
Te rogamos, óyenos

Para que te dignes comunicar tu propia vida a quienes has llamado al bautismo.
Te rogamos, óyenos.

Para que santifiques esta agua por la que renacerán tus nuevos Hijos.
Te rogamos, óyenos.

Jesús, hijo de Dios vivo.
Te rogamos, óyenos.

Derrama, Señor, tu infinita bondad en este sacramento del bautismo y envía a tu Santo Espíritu, para que haga renacer de la fuente bautismal a estos nuevos hijos tuyos, que van a ser santificados por tu gracia, mediante la colaboración de nuestro ministerio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

viernes, 29 de marzo de 2013

VIERNES SANTO


PADRE NUESTRO MISERICORDIOSO,
SANTIFICA Y PROTEGE SIEMPRE A ESTA FAMILIA TUYA,
POR CUYA SALVACIÓN DERRAMÓ SU SANGRE
Y RESUCITÓ GLORIOSO JESUCRISTO, TU HIJO.
EL CUAL VIVE Y REINA POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.
AMÉN.


HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS.
Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

† PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, SEGÚN SAN JUAN (18, 1—19, 42)

C. En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos y entró en el huerto con linternas, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder, se adelantó y les dijo:
†. “¿A quién buscan?”
C. Le contestaron:
S. “A Jesús, el nazareno”.
C. Les dijo Jesús:
†. “Yo soy”.
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles ‘Yo soy’, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar:
†. “¿A quién buscan?”
C. Ellos dijeron:
S. “A Jesús, el nazareno”.
C. Jesús contestó:
†. “Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan”.
C. Así se cumplió lo que Jesús había dicho: ‘No he perdido a ninguno de los que me diste’. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
†. “Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?”

C. El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: ‘Conviene que muera un solo hombre por el pueblo’. Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:
S. “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?”
C. El dijo:
S. “No lo soy”.
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:
†. “Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho”.
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús, diciéndole:
S. “¿Así contestas al sumo sacerdote?”
C. Jesús le respondió:
†. “Si he faltado al hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.

C. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:
S. “¿No eres tú también uno de sus discípulos?”
C. El lo negó diciendo:
S. “No lo soy”.
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, le dijo:
S. “¿Qué no te vi yo con él en el huerto?”
C. Pedro volvió a negarlo y enseguida cantó un gallo.

C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua. Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo:
S. “¿De qué acusan a este hombre?”
C. Le contestaron:
S. “Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído”.
C. Pilato les dijo:
S. “Pues llévenselo y júzguenlo según su ley”.
C. Los judíos le respondieron:
S. “No estamos autorizados para dar muerte a nadie”.
C. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”
C. Jesús le contestó:
†. “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?”
C. Pilato le respondió:
S. “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?”
C. Jesús le contestó:
†. “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”.
C. Pilato le dijo:
S. “¿Conque tú eres rey?”
C. Jesús le contestó:
†. “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.
C. Pilato le dijo:
S. “¿Y qué es la verdad?”
C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:
S. “No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?”
C. Pero todos ellos gritaron:
S. “¡No, a ése no! ¡A Barrabás!”
C. (El tal Barrabás era un bandido).

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían:
S. “¡Viva el rey de los judíos!”,
C. y le daban de bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. “Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa”.
C. Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. “Aquí está el hombre”.
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron:
S. “¡Crucifícalo, crucifícalo!”
C. Pilato les dijo:
S. “Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él”.
C. Los judíos le contestaron:
S. “Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios”.
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
S. “¿De dónde eres tú?”
C. Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces:
S. “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?”
C. Jesús le contestó:
†. “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor”.

C. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. “¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!; porque todo el que pretende ser rey, es enemigo del César”.
C. Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:
S. “Aquí tienen a su rey”.
C. Ellos gritaron:
S. “¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!”
C. Pilato les dijo:
S. “¿A su rey voy a crucificar?”
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. “No tenemos más rey que el César”.
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

C. Tomaron a Jesús y él, cargando con la cruz, se dirigió hacia el sitio llamado “la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno de cada lado, y en medio Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito: ‘Jesús el nazareno, el rey de los judíos’. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato:
S. “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Este ha dicho: Soy rey de los judíos’”.
C. Pilato les contestó:
S. “Lo escrito, escrito está”.

C. Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Por eso se dijeron:
S. “No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca”.
C. Así se cumplió lo que dice la Escritura: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Y eso hicieron los soldados.

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:
†. “Mujer, ahí está tu hijo”.
C. Luego dijo al discípulo:
†. “Ahí está tu madre”.
C. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
†. “Tengo sed”.
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo:
†. “Todo está cumplido”,
C. e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.


C. Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua. El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que lo dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. El fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.

Palabra del Señor.

Envía, Señor, tu bendición sobre estos fieles tuyos que han conmemorado la muerte de tu Hijo y esperan resucitar con él; concédeles tu perdón y tu consuelo, fortalece su fe y condúcelos a su eterna salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

SEÑOR, ESCUCHA LAS SÚPLICAS DE TU IGLESIA

jueves, 28 de marzo de 2013

JUEVES SANTO DE LA CENA DEL SEÑOR


QUE NUESTRO ÚNICO ORGULLO
SEA LA CRUZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO,
PORQUE EN ÉL TENEMOS LA SALVACIÓN, LA VIDA Y LA RESURRECCIÓN,
Y POR ÉL HEMOS SIDO SALVADOS Y REDIMIDOS.

HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (13, 1-15)

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?” Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”. Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: ‘No todos están limpios’.

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los  pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

Palabra del Señor.



ORACIÓN

Dios nuestro, que nos has reunido para celebrar aquella Cena en la cual tu Hijo único, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno, sacramento de su amor, concédenos alcanzar por la participación en este sacramento, la plenitud del amor y de la vida. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

GRACIAS, SEÑOR, POR TU SANGRE QUE NOS LAVA